domingo, 26 de junio de 2016

Y uno dos.

La fertilidad como don inmaculado, el orígen real de las especies.
El debate es y persiste.
Pesos incalculables recaen sobre las pestañas de la humanidad.
El parpadeo constante en el que se vive evita que se levante.
Que los pesos se reconozcan como pesos.
Que se asimilen tan imperceptiblemente como el parpadeo mismo.
Vivimos agobiados entre paredes que aprisionan nuestra esperanza.
Aprisionados entre dilemas que no son más que tragedia epica.
Del siglo twenty-one.
Con rituales cibernéticos a dioses de pantalla.
Y palabras derivadas de lujuria con sabor artificial.
Así, restregados con el olor a la descomposición de un sistema que caducó.
Que descompone todo lo que con esperanza aprisionada intenta edificar.
La esperanza nada sirve encadenada a un rincón.
De paredes pintadas con vista a un mundo desde otra visión.
De filtro marrón, de ojos nublosos,
drogas, cuentos y la sombra del pudor.
La visión decadente del futuro nada puede ya en la construcción de un mundo "mejor".
Misiones galácticas que con nadie cargan,
pero van en nombre de aquello que remplazó a Dios.
En mayúscula por que así se aprendió.
Temor de Dios.
Arraigo tan profundo que no tiene inicio.
Que la historia en eso también falló.
Recuentos impuestos por el hombre a quien nadie nunca cuestionó.
Adoctrinación.
Pensar en letras en vez de en acción.
Querer debrayarme sobre la teología cuando yo sé que no se puede sostener con usted una conversación.
Quiero voces vibrando con mi voz,
quiero calor aunado a mi calor.
Que no se disipen mis palabras como  sueños que usted nunca recordó.
Quiero baile y quiero mar.
Saltar,
gritar
Gritar histericamente a la cara de la humanidad.
Que grites,
aquí,
enfrente.
atrás o a la par.
Por que cerca hay mucho que decir.
Por que lejos,
hay mucho que escribir.
Y como ayer, las letras son EL medio de comunicación.
La voz,
demasiado personal para humanos que no saben cómo es que se debiesen expresar,
¡Grita fuerte!
que el mundo no gira hacia donde te dijeron que va.
Me lees con vida y voz
Te escribo sabiendo que quizá sea solo yo.
Angustiada bajo la aurora de un cielo que por lo menos hoy no se cayó.

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