martes, 20 de diciembre de 2016

Al alba.

Creo que le dicen insomnio.
Yo le pongo tu nombre.
He logrado cerrar los ojos sólo un par de horas a lo largo de esta semana.
La misma cuestión rondando infinita por mi cabeza.

Las palabras dichas, los silencios tuyos.
Me he tropezado con los nudos que alguna vez me impedían gritar mis deseos.
Hoy que sé gritar, que sé exigir exáctamente lo que quiero,
Me he encontrado con alguien que recuerda cuan cómodos son esos nudos.
No pronunciar los deseos tiene su gusto, pero yo he aprendido a gritar.
Y he caído sentada.
He caído y he logrado no rasparme las rodillas.
El resto de mi cuerpo se hizo mierda.
Mis brazos pesan.
Mis piernas parecen no ser mías.

Caminé con firmeza, quería huir lo más lejos de tu presencia.
Esa que me quema el alma, que me ha quemado la piel y me ha dejado desnuda.
Camino desnuda.
Me he quedado en este mundo sin tu sonrisa perfecta.
Me he quedado a ver como arde a lo lejos.
Por que he decidido que no quiero arder ya contigo.

La vida es irónica.
Lo he escuchado tantas veces de tu boca.
Has muerto de una manera muy irónica.
He aquí las letras prometidas.
Homenaje a la felicidad que irradeabas al entrar a un cuarto.
La sonrisa coqueta que derretía cada espectro de mi vida, fundiendola cual magama con la tuya.
A las palabras más hermosas que alguien ha pronunciado, y luego silencio.
El silencio más helante que he conocido.
Pero fuiste verso, fuiste beso, fuiste fugáz.
Yo de ahora en adelante me decidiré por lo mortal.

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